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Punto muerto en las negociaciones del tratado global sobre plásticos: de Busan a Ginebra, un maratón inacabado

Desde que la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente inició las negociaciones del tratado mundial sobre plásticos en 2022, tras múltiples rondas de consultas, las partes aún no han llegado a un consenso. De Busan a Ginebra, el proceso de negociación refleja los profundos dilemas de la gobernanza ambiental mundial. Este artículo repasa el historial de las negociaciones, analiza la interacción entre múltiples actores y ofrece perspectivas para el futuro.

El plástico ya ha penetrado en todos los rincones de la Tierra — desde la fosa de las Marianas hasta la cima del Everest, desde el hielo marino del Ártico hasta la sangre humana. La evidencia científica no deja de acumularse y la ansiedad pública sigue en aumento, pero la respuesta de la gobernanza mundial aún avanza con dificultad.

En marzo de 2022, la quinta sesión de la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente aprobó una resolución histórica que decidió iniciar las negociaciones de un tratado mundial jurídicamente vinculante sobre los plásticos. Es uno de los intentos más ambiciosos en el ámbito de la gobernanza ambiental mundial después del Acuerdo de París. Sin embargo, cuatro años después, las negociaciones aún no han llegado a su fin.

De la fragmentación a la integración: un consenso tardío

La contaminación por plásticos no es un problema nuevo. Durante las últimas décadas, la comunidad internacional ha respondido de manera fragmentada: la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente se centró en la basura marina y los microplásticos, el Convenio de Basilea abordó el movimiento transfronterizo de desechos peligrosos y la Organización Mundial del Comercio discutió la sostenibilidad del comercio de plásticos. Estos esfuerzos tienen cada uno su propio enfoque, pero carecen de carácter sistemático y de fuerza vinculante. La mayoría de las medidas son voluntarias y se concentran en la gestión de residuos al final del ciclo, sin apenas abordar la producción y el consumo en el origen.

Fue precisamente esta deficiencia estructural la que impulsó el auge del concepto de «ciclo de vida completo». Los círculos académicos, la sociedad civil y las empresas con visión de futuro comenzaron a reclamar que, si no se puede controlar la producción y el uso del plástico desde su origen, limpiar simplemente la basura marina es tratar los síntomas sin curar la causa. Este consenso se cristalizó finalmente en la resolución de marzo de 2022: 175 países acordaron establecer un comité de negociación intergubernamental, con el objetivo de completar a finales de 2024 un tratado internacional que abarque todo el ciclo de vida del plástico.

Maratón de negociaciones: de Uruguay a Kenia, y luego a Corea del Sur y Suiza

En noviembre de 2022, la primera ronda de negociaciones se inauguró en Punta del Este, Uruguay. Desde entonces, las negociaciones se han celebrado sucesivamente en París (Francia), Nairobi (Kenia), Ottawa (Canadá) y Busan (Corea del Sur). Cada ronda de reuniones estuvo acompañada de debates técnicos y juegos políticos, pero siempre se mantuvo una distancia respecto al texto final.

En diciembre de 2024, la reunión de Busan había despertado grandes expectativas como la batalla final de las negociaciones. Pero las partes no lograron alcanzar un consenso. En agosto de 2025, las negociaciones se reanudaron en Ginebra y volvieron a terminar sin resultados. En febrero de 2026, Ginebra volvió a ser el centro de atención: el comité de negociación eligió al embajador chileno Julio Cordano como nuevo presidente, lo que marcó el inicio de una nueva etapa en las negociaciones.

Este proceso maratoniano es en sí mismo un síntoma de la complejidad de la gobernanza mundial. La cadena económica del plástico involucra a vastas industrias como las de combustibles fósiles, productos químicos, bienes de consumo y reciclaje, y cada eslabón tiene intereses creados. Entre los países desarrollados y los países en desarrollo, entre los países productores de petróleo y los países consumidores, entre la industria y las organizaciones ecologistas, las posiciones están profundamente divididas. Cuestiones centrales como las restricciones a la producción, los mecanismos de financiación y la transferencia de tecnología siguen siendo papas calientes hasta el día de hoy.

Impulso desde múltiples frentes: la Coalición de Alta Ambición y la transformación empresarial

A pesar del lento avance de las negociaciones, las fuerzas que impulsan el tratado no dejan de fortalecerse.A pesar del lento progreso de las negociaciones, las fuerzas que impulsan el tratado también han ido creciendo. En agosto de 2022, Ruanda y Noruega lanzaron la «Coalición de Alta Ambición», que estableció claramente tres objetivos estratégicos: limitar la producción y el consumo de plástico a niveles sostenibles, crear una economía circular del plástico que proteja el medio ambiente y la salud humana, y lograr una gestión ecológicamente racional de los desechos plásticos. La coalición obtuvo rápidamente el apoyo de numerosos países y se convirtió en un motor clave de las negociaciones.

Mientras tanto, la participación del sector privado también resulta significativa. La «Coalición Empresarial para un Tratado Global de los Plásticos», convocada por la Fundación Ellen MacArthur y el Fondo Mundial para la Naturaleza, reúne a numerosas empresas e instituciones financieras que apoyan públicamente la elaboración de un tratado ambicioso y jurídicamente vinculante. Esto contrasta con el estereotipo de que las empresas suelen resistirse a la regulación ambiental, en parte porque las marcas son conscientes del daño que la contaminación plástica causa a su reputación y de las nuevas oportunidades que ofrece el modelo de negocio de la economía circular.

La presión de la sociedad civil también es constante. Las organizaciones ambientales siguen denunciando la gravedad de la contaminación plástica y piden a los gobiernos que no cedan ante el cabildeo de la industria. Como demuestra la iniciativa «Campeones del Cambio», las firmas y acciones de todos los sectores de la sociedad buscan consolidar la voluntad política antes de la recta final.

El estancamiento de las negociaciones del tratado sobre plásticos no es un caso aislado. Refleja las contradicciones profundas de la gobernanza ambiental mundial actual: es fácil alcanzar consensos, pero extremadamente difícil traducirlos en cláusulas concretas. Cuestiones como la biodiversidad, la gestión de productos químicos y la protección de los océanos han atravesado dificultades similares.

Sin embargo, las negociaciones continúan. La llegada de un nuevo presidente podría aportar nueva energía diplomática, pero el acuerdo final aún requerirá concesiones sustanciales de todas las partes. De Busan a Ginebra, de 2024 a 2026, el mundo ha esperado demasiado tiempo. Ante este planeta envuelto en plástico, ningún país puede mantenerse al margen. Un tratado eficaz, justo y aplicable no es solo una necesidad ambiental, sino también una prueba de confianza en el sistema multilateral.

El problema de la contaminación plástica no es insoluble, pero la ventana de oportunidad se está estrechando. Lo que el mundo espera es que la voluntad política pueda finalmente superar la resistencia de la industria y que el tratado se convierta verdaderamente en una herramienta que cambie las reglas del juego —y no solo en otro documento archivado.

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Source links

  1. https://www.genevaenvironmentnetwork.org/resources/updates/international-cooperation-on-plastic-pollutionPrimary

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